Rehabilitar viviendas antiguas sin borrar su historia

¿Qué merece conservarse cuando reformamos una vivienda antigua? Esta es una de las cuestiones sobre las que he podido reflexionar recientemente en TELVA Living, en un artículo dedicado a una manera de entender la rehabilitación que cada vez ocupa un lugar más importante en mi trabajo: transformar sin borrar la historia del espacio.

Durante muchos años, reformar se ha asociado casi automáticamente con sustituir. Cambiar pavimentos, cubrir paredes, renovar carpinterías o eliminar todo aquello que mostraba el paso del tiempo. Sin embargo, una vivienda antigua puede contener precisamente en esos elementos existentes buena parte de aquello que la hace única.

No se trata de conservar por conservar ni de convertir una casa en una recreación de otra época. Se trata de observar antes de intervenir y reconocer qué elementos tienen valor arquitectónico, material o emocional.

Clara Lleal interiorista en TELVA Living sobre la recuperación de viviendas antiguas

Lee la entrevista a Clara Lleal en TELVA Living

Reformar una vivienda antigua no siempre significa empezar de cero

Cada vivienda tiene una historia construida a través de sus materiales, sus proporciones y las distintas transformaciones que ha experimentado con el tiempo. Una pared de piedra, unas vigas de madera, una baldosa hidráulica, una carpintería antigua o incluso una superficie ligeramente irregular pueden contener información que difícilmente podremos reproducir posteriormente con materiales nuevos.

Por eso, cuando abordamos la rehabilitación de una vivienda antigua, una de las primeras fases debería consistir en comprender el espacio antes de decidir qué hacer con él.

¿Qué pertenece realmente a la arquitectura original?
¿Qué elementos continúan funcionando?
¿Qué puede recuperarse?
¿Y qué conviene sustituir para adaptar la vivienda a las necesidades actuales?

El proyecto empieza, en cierta manera, antes del propio diseño.

Salón con muros de piedra, estucos de cal y madera natural

El valor de las imperfecciones en el interiorismo

En el artículo publicado por TELVA hablo precisamente de cómo determinadas imperfecciones pueden aportar a un espacio una autenticidad difícil de reproducir con materiales nuevos. No todas las irregularidades son defectos.

Las variaciones de color de una piedra, las marcas de uso de una madera o una geometría que no es completamente perfecta pueden explicar el paso del tiempo y aportar profundidad a un interior.

En ocasiones, al rehabilitar intentamos que todos los materiales parezcan recién instalados. Sin embargo, hacerlo puede significar eliminar precisamente aquello que diferencia una vivienda histórica de una vivienda nueva.

La clave está en encontrar el equilibrio entre conservación, funcionalidad y contemporaneidad.

Una casa debe seguir respondiendo a las necesidades de quienes la habitan hoy. Pero puede hacerlo sin renunciar necesariamente a las huellas que explican de dónde viene.

Materiales originales que merece la pena recuperar

Materiales como la piedra, la madera, la cerámica, el hierro o los revestimientos de cal estaban tradicionalmente vinculados tanto a los recursos disponibles en cada territorio como a la manera de construir en función del clima y del entorno. Recuperarlos no responde únicamente a una cuestión estética.

Muchas veces esos materiales siguen funcionando extraordinariamente bien décadas o incluso siglos después de haber sido instalados. También contribuyen a crear interiores difíciles de reproducir mediante soluciones completamente nuevas: superficies con matices, texturas naturales y pequeñas irregularidades que aportan carácter. Esto no significa que todo elemento antiguo deba permanecer. Una buena rehabilitación exige precisamente capacidad para decidir qué merece una segunda vida, qué puede adaptarse y qué necesita ser sustituido.

Vulpellac: recuperar la esencia de una casa histórica

Un ejemplo reciente de esta filosofía es nuestro proyecto Recuperar la calma, una vivienda histórica situada en Vulpellac, en el Baix Empordà, formada por construcciones de los siglos XIV y XVII y catalogada como patrimonio nacional.

La vivienda había sufrido distintas intervenciones que, con el paso del tiempo, habían ocultado parte de su identidad. El objetivo no fue devolverla artificialmente a un momento concreto de su historia, sino eliminar aquello que generaba ruido y recuperar los elementos capaces de explicar la arquitectura original.

Durante la obra aparecieron decisiones especialmente significativas. Se recuperaron paredes de piedra, se sustituyeron antiguos revestimientos de cemento por estucos de cal que permiten respirar a los muros, y se reabrió una ventana histórica que había permanecido tapiada durante años.

Al mismo tiempo, aquellos elementos que ya no podían recuperarse se resolvieron desde un lenguaje contemporáneo. El pavimento, por ejemplo, se unificó mediante microcemento en tono piedra, creando continuidad entre los diferentes espacios.

Es precisamente esta convivencia entre pasado y presente la que permite que una rehabilitación tenga sentido.

Escala de microciment en una casa històrica reformada a Vulpellac

Recuperar también puede ser una forma de sostenibilidad

Conservar aquello que todavía funciona implica, además, evitar sustituciones innecesarias. Por eso, la rehabilitación puede plantearse también desde una perspectiva de uso responsable de los recursos. Antes de introducir un material nuevo podemos preguntarnos si existe ya en la vivienda algún elemento que pueda recuperarse, restaurarse o reinterpretarse.

La sostenibilidad aplicada al interiorismo no consiste únicamente en seleccionar productos con determinadas certificaciones. También puede empezar por una decisión mucho más sencilla: no eliminar aquello que todavía tiene valor.

Además, los materiales naturales y duraderos forman parte desde hace años de nuestra manera de entender el interiorismo: madera, cerámica, hierro o tejidos naturales aparecen de forma recurrente en los proyectos del estudio.

Dormitorio con ventana abierta hacia la arquitectura histórica de Vulpellac

Rehabilitar no significa recrear el pasado

Hay también un riesgo en el extremo contrario: intentar que una vivienda antigua parezca detenida en el tiempo. Una casa debe seguir evolucionando.

Las nuevas instalaciones, la iluminación, la distribución o determinadas piezas contemporáneas permiten adaptar el espacio a una forma de vivir actual. Por eso me interesa especialmente el equilibrio entre arquitectura existente y diseño contemporáneo.

Una lámpara actual puede convivir con una pared centenaria. Un pavimento nuevo puede relacionarse con unas carpinterías recuperadas. Una pieza de mobiliario contemporáneo puede compartir espacio con otra encontrada en un anticuario.

La cuestión no es diferenciar constantemente qué es antiguo y qué es nuevo, sino conseguir que ambos lenguajes convivan con naturalidad.

Primero observar, después intervenir

Cada vez estoy más convencida de que uno de los mayores valores del interiorismo está en saber mirar. Antes de derribar, cubrir o sustituir, vale la pena detenerse y preguntarse qué nos está contando el espacio.

Algunas viviendas ofrecen esa respuesta inmediatamente. En otras es necesario retirar capas, investigar su construcción o descubrir elementos que llevaban décadas ocultos. Pero cuando conseguimos recuperar aquello que realmente pertenece al lugar, el resultado adquiere una profundidad difícil de conseguir comenzando completamente desde cero.

Rehabilitar una vivienda antigua no consiste en vivir mirando al pasado. Consiste en permitir que su historia pueda seguir formando parte del presente.

Puedes leer la entrevista y el artículo completo de TELVA Living aquí: Clara Lleal, interiorista: recuperar una vivienda antigua sin borrar su historia.

Pati amb volta de maó vist i mobiliari exterior de fusta

About the Author: Clara Lleal

¿Quieres compartir?